


EL ARRIBO DE LOS BASILIANOS A CALI: julio de 1987
De las impresiones iniciales a la llegada de los hermanos:
Comentar estas circunstancias se me hace un poco difícil, no porque no encuentre las palabras para hacerlo sino por las mil y una situaciones y dificultades con las que se encontraron los hermanos." Desde entonces estoy preparándome. No me dejé prevenir por lo mal que hablaban las noticias de Colombia. Sencillamente estaba abierto a vivir y conocer su realidad. Mis temores se presentaban más por el lado de la lengua, seguía sintiendo que me faltaba dominio de ella " (1).
Así fue como Roberto se convertiría en uno de los fundadores de esta obra, en la que ha dejado marcadas profundamente sus huellas. Paso a paso iremos viendo su acción silenciosa a medida que el tiempo fue pasando. Otro de los invitados a hacer parte de este equipo misionero, fue el padre Mauricio Restivo. El también nos comenta como ocurrió:
"En marzo o abril de 1986, mientras que yo era seminarista en Toronto, hubo una reunión en el seminario sobre Colombia, a la cual habían sido invitados una pareja que trabajaba en Colombia, el Padre Francisco, quien ya había sido nombrado por el general como superior del proyecto evangélico en Colombia, y los cuatro seminaristas quienes hablábamos español. Después del almuerzo de ese primer día de reuniones, Francisco vino a mi cuarto y me preguntó si yo quería estar entre los primeros en venir a Colombia. Yo le respondí que si, lo hice inmediatamente, sin pensar. Francisco no esperaba una respuesta tan pronta. Me dijo que el todavía no estaba seguro que yo podría, pero que creía que si.
Durante algunos años, después de haber empezado los estudios de español, me llamaba la atención venir a América Latina. Todavía no sé cuál era la atracción, si era un romanticismo por el lugar, por la gente, si era un llamado verdadero del Señor o solo un interés en la cultura. De todos modos dije que si. Solo sabía, entonces, que yo tenía un gran interés por venir a vivir en América Latina y que quería esa experiencia"
y al Padre Mauricio lo marcó profundamente esa experiencia, como él mismo lo quería. También él se convertiría en uno de los fundadores y luchadores audaces en esta lid en la que empezaban a moverse.
Rafael Ignacio Lopera Montoya, fue otro de los miembros del equipo estábamos en Cali ".
Pero no todo era color de rosa. Aún siendo colombiano, a" Rafa ", como le decimos cariñosamente, le causó gran impacto el medio donde empezaba a desenvolverse.
Otros que llegarían para conformar la comunidad local, serían, Martín Escobedo, mexicano; y Eduardo Cuadra, salvadoreño, quienes vivían en la casa San Basilio de Houston. El primero de ellos, hacía el postulantado y el segundo, era asociado. Ambos habían conocido la comunidad a través de esta institución, que brindaba las posibilidades para una experiencia de fraternidad y de discernimiento vocacional. Ellos continuarían por poco tiempo en la comunidad. Eduardo Cuadra se retira en 1988 y Martín, lo hace también en enero del año siguiente, después de haber iniciado el noviciado, que por entonces era en Houston.
Inicialmente llegaron Francisco y Rafael, después, con intervalo de unos días, Roberto y finalmente, Mauricio Restivo acompañado de Martín Escobedo y Eduardo Cuadra. Y juntos empezaron a caminar, con las implicaciones tan serias que hacerlo en tierra extraña significaba.
De las situaciones que encontraron:
Uno de los primeros obstáculos, aunque solucionable a corto plazo, fue el de encontrar una casa en un estado de abandono inimaginable. Las habitaciones que en tiempo atrás se habían utilizado para oficinas, estaban ahora selladas, en el mayor desaseo jamás visto, la cocna con escasos platos, las sillas eran raras y nada que decir de las camas, escritores y demás utensilios para poder vivir dignamente. Parece como si un fantasma hubiera pasado llevándose todo lo que encontró a su paso. Así, en estas condiciones, no se podía hablar de una calurosa bienvenida, precisamente.
A este respecto la hermana Angela Betancur, religiosa de la Congregación" Hijas de Nuestra Señora de las Misericordias ", que desde entonces ha trabajado con su comunidad en la parroquia a la que llegaban los Basilianos. Comenta:
" i Los admiraba! Yo no estaba el día en que llegaron, me encontraba en retiro. El Padre Francisco ya había venido a nuestra casa. Yo pensaba: gente tan elegante y venir a esta mugre? i Era una cosa realmente rara! No había loza, no tenían licuadora, no había cocina, había goteras por toda la casa. Yo los admiraba, porque saber de dónde venían y estas situaciones tan terribles que los recibían. i Eso era admirable!" (5).
Frente a este panorama desolador, no quedaba más remedio que poner manos a la obra.
Todos sin excepción, trapeador y escoba y le dieron un vuelco total a la casa. Tal sería la nueva situación, que la misma hermana Ángela expresa:
" No se había visto antes tanto orden y dedicación. Es quizás, uno de los aspectos que hizo que la gente empezara a llegar de nuevo. Ser hombres tan dedicados y trabajadores. Los frutos ya se empezaban a ver".
Mientras tanto, el grupo, que empezaba a ajustarse a las nuevas condiciones de vida, pasaba uno que otro trago amargo por lo que la nueva experiencia les iba dando. Un día, comenta el padre Francisco, salí a caminar con el Padre Roberto Según, la nostalgia nos había invadido, hasta tal punto, que queríamos llorar. "Si nos crucificaran, sería mucho mejor que vivir este momento tan difícil" dijo Roberto. De pronto a lo lejos, un hermoso paisaje, aparecía exuberante, ante sus ojos; se trataba del volcán nevado del Huila, que raras veces se puede divisar desde Cali. Para ellos significaría casi que una visión: Dios les mostraba que aún en medio de tanta pobreza, de tanta violencia, era posible la belleza.
A este respecto dirá la hermana Socorro Arboleda, Hija de Nuestra Señora de las Misericordias y actualmente maestra de postulantes, en Santa Rosa de Osos, Antioquia, que también presenció la llegada de los Basilianos:
" Reconozco los sufrimientos y soy testigo de las muchas y grandes dificultades que vivieron los primeros Basilianos que llegaron a. Colombia, entre los que aún están el padre Francisco, Roberto y Rafael. Fue una adaptación dolorosa culturalmente, porque toda entrega exige donación, abandono, soledad, desarraigo, si así se puede llamar, salir de lo propio, para asumir otra cultura, otro proceso, otro estilo de vida y m~ evangélico por cierto "
No era entonces un mero romanticismo, ni una vana ilusión. Lo importante era que ya habían dado los primeros pasos y como siempre, los primeros pasos duelen. El Padre Mauricio tampoco podía escapar al estupor y mil sentimientos confusos que le producía esta nueva experiencia en su vida. Ya en su viaje, ya de camino a Cali, en el aeropuerto o en el taxi. Había vivido una gran desilusión. El mismo nos cuenta:
" Mi viaje a Cali fue difícil. Salí de Houston bien temprano para Miami. Allá, al abordar el avión, vieron que había demasiada gente y me dejaron. Me dieron cupo para viajar en Avianca más tarde; y tampoco esa opción fue posible. Finalmente, me llevaron a Bogotá, con rumbo a Cali, para el mediodía del día siguiente. Al día siguiente fui a Cali. Lo primero que me impactó fue el calor, estaba haciendo un calor tenaz. Después, fue la realidad. Vi mucho polvo, estaban quemando basura en varios lugares, muchos huecos en la "autopista", etc. Cuando llegamos al puente (sobre el caño de aguas negras), en la Octava, me impactó el olor -de la comida que cocinaban para vender y del caño-, me impactó el gran gentío en el "aeropuerto de los pobres", me impactaron los jeeps y los antiguos buses para entrar a Aguablanca. Cuando Francisco le dijo al taxista que cruzara a la derecha, yo le quería decir que regresara al aeropuerto, que ya había experimentado a Cali y !ya! Al llegar a la parroquia me impactaron los zancudos, el polvo y el calor. Me sentía, como dice esa canción del rock norteamericano de algunos años atrás, "a stranger in a strange land" (un extranjero en un país extraño). A la vez me impactó la gente. Me parecían tan amables, tan abiertos y,
naturalmente, tan curiosos de mi (y son la amabilidad y la apertura de los caleños las que todavía me atraen de Cali). "
Estas imágenes, que nos pinta tan bien el Padre Mauricio, describen parte de la realidad a la que el nuevo grupo tenía que enfrentarse y que se les presentaba como toro en estampida. Solo quedaba una cosa por hacer: torear1o, tomar1o por los cachos o salir huyendo cobardemente. Los Basilianos demostraron que 10 que Dios les pedía, era sin duda y no obstante todo el sacrificio que ello les costaba, empezar a asumir aquella triste y cruda realidad, mientras empezaban a descubrir que allí, también había lugar para la sonrisa, el canto y la poesía que salen de las entrañas de un pueblo que sufre. Ellos mismos experimentarían aquel sufrimiento.
Ciertamente la gente. los miraba con curiosidad. Muchos se acercaron solo para "noveliar". Otros, 10 hacían para expresar su admiración. Así 10 expresa doña Ade1aida Cabezas, miembro de la Legión de María, que desde hace 25 años vive en esta parroquia:
" Yo los recibí con mucho cariño, me alegré mucho porque era una comunidad religiosa. Yo no sabía quien era San Basilio, así que empecé a buscar en un misal antiguo que tenía en mi casa y lo encontré. De El me llamó mucho la atención que trabajó y luchó para unir "la catolicidad" y me dije a mi misma: estos padres son los que necesitamos aquí para que trabajen en unir este pueblo, dividido por las sectas "
En esta opinión de la señora Adelaida, ya se vislumbra casi que un programa de vida pastoral para los Basi1ianos: "promover la unidad en medio un pueblo dividido" y no solo por las sectas sino también por aquella herida tan profunda que puede producir la pobreza, la violencia y la exclusión.
Pasados unos meses, quizás años, la casa ya empezaba a adquirir los espacios y connotaciones de un lugar para religiosos. Sencilla, sin dejar de ser acogedora; tuvo una capilla, algunos dormitorios que faltaban, una cocina; además, empezó a ser dotada de sillas, escritorios y en fin, todo 10 que se necesitaba para hacer de esa experiencia fraterna, un hogar, una verdadera familia. Igualmente sucedió con las oficinas. Esto causó gran impacto entre la gente. Lo que antes estaba abandonado, recuperaba su funcionalidad. Con esto, por lo menos, la infraestructura empezaba a permitir un mejor desarrollo no solo de la vivencia comunitaria, sino también de las primeras iniciativas apostólicas.
Bienvenidos a INSA! El Instituto Nuestro Señora de la Asunción fue fundado por los Padres Basilianos en 1992 como un centro de educación cristiano católico para la familia. Este centro educativo está localizado en una de las áreas más pobres de la ciudad de Cali, y su objetivo es proveer una excelente educación de calidad total a nuestros estudiantes y sus familias en un contexto de justicia y paz.
Jesucristo es la piedra angular de este esfuerzo - inspirándonos a aceptar su invitación de vivir la vida al máximo!