En el paisaje del curso alto del río Calima, en el departamento del Valle del Cauca, al suroccidente de Colombia, se distinguen aún las huellas culturales de sociedades de gran antigüedad. Por las crestas de las colinas se ven vestigios de caminos que en algunas partes llegan a tener hasta 10 metros de anchura, y en sus cimas, o cortadas en sus declives, terrazas artificiales perfectamente planas, algunas de más de cien metros de longitud.

Estos rastros se concentran en una comarca primaveral que se extiende por los municipios de Restrepo y Calima, y partes de los de Yotoco, Vijes y Dagua. Por el centro de la región corre hacia el selvático San Juan el río Calima, cuyas aguas alimentan un gran lago artificial construido a principios de la década de 1960 para la generación de energía eléctrica. Pero los fragmentos más antiguos de recipientes de cerámica son mucho más recientes, y se remontan hasta poco antes del 700 a.C. Entre esta fecha y la época de la conquista, un período de más de 2.200 años, se modeló la cerámica, se labró el oro, se abrieron los caminos, se construyeron las terrazas y se cavaron las tumbas halladas hasta hoy en Calima.. Los arqueólogos han establecido la presencia sucesiva de tres sociedades distintas en la región.